LA VIDA COMO UN PROCESO EDUCATIVO
CONTINUO
Quien
le iba decir a esa niña de 7 años que jugaba a “enseñar las letras y poner
deberes” a sus juguetes, hoy con unos cuantos años más, con hijos propios,
trabajo, salud...vamos una vida feliz prácticamente resuelta, que se pondría
delante de los libros otra vez, para eso, aprender a “enseñar las letras y
poner deberes”.
Soy
Lilian, estudiante de Master de Profesorado, y tras más de 15 años de
experiencia en el mundo laboral en la industria privada, en concreto, en el
sector de la alimentación y el sector de la depuración de aguas residuales y habiendo
formado una familia con mi pareja con dos hijos de cuatro y siete años. Decido
parar, respirar y pensar en un giro de 360º para mí y mi familia, volver a
estudiar, ser profesora de matemáticas.
Mi
familia es para mí una herramienta en constante crecimiento, pues yo debo
evolucionar y tener un aprendizaje continuo con el crecimiento y necesidades de
mis hijos. Como son, por ejemplo, nuevas técnicas de comunicación con ellos e
incluso resolución de conflictos entre ellos, ya que conforme van creciendo
interactúan entre ellos y por tanto surgen conflictos. El día a día es en si
mismo un aprendizaje no sólo hacía como actuar hacia ellos sino de mí mismo.
Este aprendizaje me da herramientas para actuar frente a los alumnos que estén
en diferentes momentos madurativos.
Sin
olvidar que me veo expuesta a nuevas herramientas digitales, recursos
educativos, canales de comunicación que forman parte del día a día escolar,
plataformas educativas, que amplían mi PLE como profesora, manteniéndome
actualizada y conectada con la vida educativa real que viven los alumnos.
También
me veo influenciada por las relaciones con otros padres, de los cuales adquiero
nuevas recursos, enriquezco mi entorno de aprendizaje, muchas veces no sólo de
manera presencial sino a través de los grupos de WhatsApp de las clases y redes
sociales, donde todos podemos opinar y compartimos recomendaciones y estrategias,
desde una perspectiva nueva que no te habías planteado para afrontar una
situación, a métodos de relajación para atender mejor a los menores, lo que
fortalece mi desarrollo individual.
En
conclusión, tener familia y, en particular, hijos menores de edad, no solo es
una experiencia positiva a nivel personal, sino que enriquece
significativamente el PLE del docente, favoreciendo el desarrollo de
competencias clave como son la empatía, la paciencia y la capacidad de
adaptación. Estas competencias no solo mejoran la práctica educativa en el
aula, sino que también influyen en el modo en que el docente selecciona y
utiliza los recursos de su PLE. Puesto que yo como docente con experiencia
familiar mostraré una mayor sensibilidad hacia la diversidad de ritmos de
aprendizaje, las dificultades emocionales, las necesidades individuales del
alumnado y una mejor adaptación a los desafíos educativos actuales.
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