El PLE invisible
El PLE Invisible: por qué todos lo usamos, pero no somos conscientes de ello
Lo más probable es, que si
saliéramos a la calle y le preguntásemos a cualquiera qué es su Entorno
Personal de Aprendizaje (PLE, por sus siglas en inglés), nos mire con
desconcierto. Para el ciudadano promedio, e incluso para muchos profesionales,
el término parece un tecnicismo o una etiqueta vacía que pertenece a un
ambiente académico ajeno a lo cotidiano. Sin embargo, si le preguntásemos a esa
misma persona cómo aprendió a cocinar ese plato el domingo pasado, cómo se
mantiene al tanto de la actualidad política o a quién acude cuando tiene una
duda técnica en su trabajo, la respuesta mostraría una estructura compleja,
dinámica y muy tecnológica.
La realidad es una paradoja: casi
nadie sabe qué es el término PLE, pero todos lo tenemos.
Aprender más allá de las clases
Molière escribió acerca de un
personaje, el señor Jourdain, quien se sorprendió al enterarse de que había
estado hablando en prosa durante toda su vida sin darse cuenta. Con el PLE ocurre
lo mismo. En la época de la hiperconectividad, el aprendizaje ya no es un algo
que ocurra exclusivamente entre las cuatro paredes de una clase o durante un
horario lectivo. Aprendemos de forma ubicua y constante.
El término, difundido por autores
como Jordi Adell y Linda Castañeda, no se refiere a una plataforma de software
o una aplicación que se pueda descargar. El PLE es el conjunto de herramientas,
fuentes de información, conexiones y actividades que cada uno utiliza con
frecuencia para aprender. En esencia, es nuestro ecosistema cognitivo personal.
Los tres pilares esenciales
El PLE de una persona, aunque esta
no sea consciente de ello, por lo general está formado por tres procesos
esenciales que se llevan a cabo a diario:
Dónde encuentro la información: No
es solo Google. Son los boletines informativos a los que estamos suscritos, el
canal de YouTube donde vemos tutoriales, el hilo de Twitter de un especialista
en el tema o ese podcast que escuchamos cuando vamos al gimnasio.
Dónde transformo la información: Es
el proceso de reflexión. Sucede cuando guardamos un enlace en favoritos,
subrayamos un PDF en la tablet, escribimos una nota en el móvil o simplemente resumimos
lo que hemos aprendido para usarlo en un proyecto personal.
Dónde interactúo y comparto (PLN):
Esta es la red de aprendizaje personal. Es el grupo de WhatsApp de compañeros
de trabajo en el que se resuelven dudas, los comentarios en un foro
especializado o la discusión en LinkedIn. Aprendemos con y de otras personas.
El peligro de la invisibilidad
Si todos tenemos un PLE, ¿por qué
es importante ponerle un nombre? La respuesta está en la autonomía del
aprendizaje. Cuando no vemos nuestro entorno de aprendizaje, nos convertimos en
sujetos pasivos de los algoritmos. Si no somos conscientes de cómo nos
informamos, las redes sociales determinarán qué aprendemos mediante sus propios
sistemas de recomendación, encerrándonos en esa burbuja.
A través de la visualización del
PLE, se puede pasar del "aprendizaje accidental" al "aprendizaje
intencional". Cuando identificamos nuestras fuentes y herramientas, tenemos
la capacidad de evaluar si son de buena calidad, si están diversificadas o si
nuestra red de contactos es suficientemente amplia. Un profesor que entiende su
propio PLE está mucho más preparado para enseñar a sus alumnos a construir el
suyo, proporcionándoles una habilidad esencial en el siglo XXI: aprender a
aprender.
En conclusión, No solo se trata de
transmitir contenidos, sino también de ayudar a los alumnos a
"mapear" el ecosistema que ya utilizan intuitivamente. Es necesario
que pasemos de la anécdota del "vídeo de YouTube" a la categoría de
"estrategia educativa". El primer paso para asumir el control de
nuestra propia educación en un mundo donde el conocimiento nunca deja de fluir
es reconocer que el PLE existe, a pesar de que no se mencione en la calle.

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